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jueves, 5 de enero de 2012

 
Lo inconsciente no tiende sino a abrirse paso irrumpiendo de una manera ciega y repetitiva; es la compulsión de repetición. Y la función del Yo es la de proteger una imagen –hecha de palabras- de sí mismo manteniendo alejado a este saber.
Esa imagen de perfeccion y omnipotencia del Yo-Ideal entra en contradicción con el yo real. El sujeto no puede –psicosis y muerte excluidos- asimilarse lisa y llanamente con su imagen especular. El narcisismo no es amor por el yo real sino “por el yo ideal adornado por el infantil, con todas las perfecciones”. Pero esta perfección y esta omnipotencia no pueden mantenerse. La luna no se alcanza estirando la mano. Los otros vienen a significarle al niño que no es querido por el sólo hecho de estar ahí, sino que debe comportarse de una cierta manera para lograr y conservar el amor que le es esencial para la sobrevivencia como ser humano.
Renuentemente el niño debe alejarse de este objeto que lo enamoraba y que quedará como norte de la brújula de su deseo.

Néstor Braustein
Psiquiatría, teoría del sujeto, psicoanálisis