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domingo, 24 de junio de 2012

El miedo...

Una mañana, nos regalaron un conejo de Indias. Llegó a casa enjaulado. Al mediodía, le abrí la puerta de la jaula. Volví a casa al anochecer y lo encontré tal como lo había dejado: jaula adentro, pegado a los barrotes, temblando del susto de la libertad. El Miedo
El catecismo me enseñó, en la infancia, a hacer el bien por convenienencia y a no hacer el mal por miedo. Dios me ofrecía castigos y recompensas, me amenazaba con el infierno y me prometía el cielo; y yo temía y creía.
Han pasado los años. (...) Sinceramente: merecer, merezco. Nunca he matado a nadie, es verdad, pero ha sido por falta de coraje o de tiempo, y no por falta de ganas. No voy a misa los domingos, ni en fiestas de guardar. He codiciado a casi todas las mujeres de mis pròjimos, salvo a las feas, y por tanto he violado, al menos en intención, la propiedad privada que Dios en persona sacralizó en las tablas de Moisés: No codiciarás a la mujer de tu prójimo, ni a su toro, ni a su asno... Y por si fuera poco, con premeditación y alevosía he cometido el acto del amor sin el noble propósito de reproducir la mano de obra. Yo bien sé que el pecado carnal está mal visto en el alto cielo; pero sospecho que Dios condena lo que ignora.
Eduardo Galeano.

lunes, 11 de junio de 2012

Adicción y goce...

 
Las adicciones, cuando se configuran como una posición subjetiva, es decir cuando es algo más que el consumo transitorio, incluso el continuado, se sostienen en el logro de un goce autoerótico que enarbola el rechazo de lo discursivo, enfatizando la rigidez del “muro” entre palabra y goce. (…)

Muchas propuestas terapéuticas de las adicciones promueven una intervención que está lejos de la temática de la castración y se acercan mucho más a la del destete, una privación que no fue o se produjo a medias. Tentativa que no puede reconocer la diferencia entre la relación del sujeto con el objeto oral, esa especie del a, al que el fantasma da soporte y vestidura, de la angustia por el agotamiento del pecho o de la falta materna que refiere a la relación con el Otro materno, como ocurre tanto en los adictos como en las anorexias y bulímicas. Destete que pretende introducir en esa modalidad de goce una “necesidad de discurso” para que emerja de allí un sujeto, o en la inhibición necesaria que de origen a un síntoma.

Por eso, como adelanté, el recurso adictivo es un recurso destinado a cerrarle al sujeto el acceso al problema sexual al brindarle una pregunta que impide un posicionamiento. De allí que “la pasión por la ignorancia” impide que haya demanda de saber, que se reemplaza por otras: las de un consumo que llega hasta identificarlo, la de ser demandado, a lo cual, en general, se presta gustoso aunque casi siempre bajo protesta. También el de un saber “técnico” sobre el uso de las drogas. (…)

El objeto droga no es causa de deseo, es el de un goce cercano a la premura y a la desubjetivación de la necesidad. Su función “terapéutica” apunta a neutralizar la melancolía de quien quedó aplastado por la imposibilidad de goce o bien ante la angustia de poder estarlo. Surge, así, en forma insistente, algo que adquiere casi el rango de pulsión –mixtura de necesidad y de capricho yoico- el de anular la presencia de la demanda del Otro, pero el de la palabra, no el del goce.
 
Sergio Staude
.SsS

jueves, 7 de junio de 2012

Los antojos de una mujer embarazada...

 
¿Por qué una mujer embarazada tiene antojos? Sabemos que si uno no hace algo, después el chico va a nacer con una frutillita en la piel. Se despierta a las tres de la mañana, -eran otros tiempos, ahora con la globalización hay frutillas todo el año, ahora hay que inventar algo más sofisticado, por ejemplo un faisán- dice "querido quiero faisán", a lo que el marido le contesta "pero querida, está todo cerrado a esta hora, incluso el delivery, lo único que hay abierto es Mac Donald`s, una hamburguesa".  Y ella insiste "quiero faisán".  Una respuesta posible sería "dejate de molestar y dormí que me tenés cansado", pero ese no es un buen marido, es un desamorado, poco caballero, torpe para las cuestiones del amor, con eso no va a lograr que ello lo ame ni lo desee, más bien que lo odie, incluso que lo desprecie, por torpe. Otra opción posible sería, para liga de los derechos humanos, un marido que sale presuroso, recorre arriba, abajo y por todos lados, hasta que consigue un faisán.  ¿Es ese un buen marido? ¡De ningún modo! ¿Qué va a hacer ella a las cinco de la mañana después que coma un poquito de faisán? Tendrá que inventar otro antojo.  Es que embarazada, cree que está completa y cuando uno se cree en plenitud, el pánico es a no tener más deseo. ¿Qué hace un buen marido? Le dice: "Sí, querida, ya voy". Supongamos que fuma, va a la puerta del departamento, fuma dos cigarrillos, tranquilo, vuelve y le dice: "Querida, busqué por todo el barrio, no sabés todo lo que hice para conseguirlo, pero fue imposible."  Ella lo va a abrazar con cariño, se sintió escuchada. ¿Se entiende lo que es el amor?: es dar lo que no se tiene.  Estamos constituidos por un ser que incluye el no-ser. ¿Advierten que no es filosofìa? Lacan lo dice de un modo poético, delicado. Marcado por la filosofía de Hidegger, da al psicoanálisis un brillo teórico que había perdido, degradado a una técnica.

Isidoro Vegh

Ahora se entiende mejor la definición lacaniana del amor? -"Amar es dar lo que no se tiene, a quien no es".
Un saludo.
Rodrigo Asseo.