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domingo, 1 de enero de 2012

Año nuevo, deseo preso.




Todo año nuevo viene de la mano con los propósitos para el año entrante, es decir, deseos que difícilmente se cumplen. Dejar de comer porquerías, hacer ejercicio, tener un mejor desempeño laboral, terminar la tesis, etc. A fin de cuentas lo que se busca es cierto balance. Como sabemos por experiencia, cumplir estos deseos suele ser lo más difícil del mundo y la buena voluntad casi nunca es suficiente. En la teoría psicoanalítica sabemos que aquello que siempre golpea al sujeto es la pulsión (siempre de muerte, no hay otra) y que ésta, yendo de la mano con el goce, pretende a toda costa obturar nuestro deseo.


Vamos a decirlo simple y claro, el goce es una cierta satisfacción por la insatisfacción, pero a diferencia del placer, explicado por Freud como una mínima concentración de tensión en el cuerpo, en el goce hay un máximo de tensión. Cuando el sujeto goza siente una satisfacción muy particular, ya que ésta roza con el dolor. Un ejemplo muy claro es aquel sujeto que justo antes de presentar un examen muy importante para su carrera tiene un ataque diarréico imposible de controlar y que lo impide, dando un resultado bastante pobre.  En éste ejemplo como se puede entrever, por supuesto que no hay placer, hay goce.

Todo sujeto tiene una cierta manera particular de gozar, hay quienes se reconfortan con la comida, otros con deportes extremos y otras personas tienden a rascarse por placer y terminan haciéndolo por goce. Todo ésto tiene mucho que ver con la práctica psicoanalítica ya que cuando el goce golpea, el sujeto suele sufrir y por esta razón pide ayuda. El psicoanalista por medio de la escucha, podrá hacerle ver en primera instancia, el contraste que existe entre el goce del paciente y su deseo, y cómo el sujeto se hace gozar en ciertos momentos muy significantes de su vida que impiden alcanzar las metas tan taponeadas por él mismo. Esto quiere decir que todo goce conlleva un saber inconsciente (en el orden de lo sexual) desconocido por el sujeto y que debe ser trabajado y escuchado para que el padeciente pueda comenzar una camino más libre.

Si no nos proponemos escuchar nuestro goce, difícilmente esos deseos de principio de año lograrán consumarse. Ser responsable con uno mismo no implica cambiarse, sino escuchar aquellas paradojas que nos estructuran como “sujetos” de la palabra, con el único fin de aflojar las ataduras que nos lastiman y nos mantienen presos.
Un abrazo y les deseo lo mejor para el 2012.
Rodrigo Asseo.