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lunes, 26 de marzo de 2012

Lo Real del sueño...

 
Siempre fue mi costumbre estar en la vereda del débil. Con aquel que la sociedad lo despojó antes incluso de haber nacido. Con el que no fue escuchado; con el que fue postergado, con el que aún cree, pese al saqueo de su deseo y pese al exterminio de sus bienes.

En todo humano hay una combinación ominosa de ternura y violencia.

Juan tenía dos perros. La hembrita era la más tierna: siempre trémula y a veces desconfiada. Ayer soñé que estábamos Juan, la perrita y yo en la terraza de aquella casa de adolescente, donde –alguna vez- jugábamos a rehacer el incoherente e injusto mundo. Y la perrita, tan torpe a veces, sin darse cuenta –y a las órdenes de mi sueño- salta hacia la calle sin reconocer que después de la pared sólo hay vacío. Y Juan, sin dudarlo, salta tras ella para salvarla.

Freud: “Un sueño es ya un deseo realizado”.
Lacan: “Lo real es lo imposible”.

Soñamos lo imposible. Imposible porque Juan regaló hace tiempo atrás a sus dos perros. Regalo que me apenó muchísimo como tantas cosas que a Juan seguramente le apenarán de mí. Imposible porque Juan es humano. Y nunca hubiese saltado sino fuese por el deseo que yo le confiero en mi sueño.

¿Por qué alguien se dispone a ser analista? Porque cree que, aún, es posible rectificar las puntas de lo real. Para eso hay que luchar con la única enfermedad que Lacan proclamó para el Sujeto: creer en su YO.

¿Por qué alguien se dispone a ser analista? Porque –como sus analizantes frente al Otro que los aloja- aún sueña. Aún a-puesta por el deseo.
 
Augusto Pérez