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viernes, 23 de marzo de 2012

De locuras...

 
Cuando hablamos de la locura desde una perspectiva que desestima aquello que no tiene sustento en la razón, cuando hablamos de comportamientos anormales, de pérdida de juicio, estamos estableciendo la medida del sujeto en relación con esa realidad.  El individuo suele ser interpelado por este déficit y responsabilizado por su inadaptación. El criterio con el que en psiquiatría se establece una "conciencia de enfermedad" implica que se reclame al sujeto conciencia y rectificación de su "desacuerdo" con la realidad, esa realidad que en el padecimiento no cesa de presentársele demasiado ajena o concerniéndole en demasía.

El sujeto, como productor de sentido, ha sido expulsado cuando prevalece la relación con una realidad a la cual se le atribuye un sentido unívoco; así tendremos una conciencia que no será más que el reflejo de esa realidad a la que debe subordinarse. Por lo tanto, considerar la locura en términos de déficit o de exceso tiene consecuencias en el modo de concebir su tratamiento.

Las tres disciplinas a las que hice alusión anteriormente son: la pedagogía, la antropología y la psiquiatría. Su misión era, según las particularidades de su objeto, hacer inteligible esa conjunción entre lo irracional y lo que se planteaba como un verdadero desajuste en las relaciones esperables entre un individuo y la realidad reducida a su exterioridad.

Este enfoque que hace de la realidad la referencia del sujeto nos va a permitir desarrollar algunas consideraciones sobre la locura y particularmente sobre la psicosis. Si la locura es desajuste, va a convocar la experiencia correctiva, y la alternativa que se le plantea al loco es adaptación o marginación. En el caso de la psicosis debemos tener en cuenta ciertas particularidades a partir de los fenómenos que la caracterizan.
(...)
Locura no es sinónimo de psicosis, pero esta distinción merece algunas precisiones. La locura no es patrimonio exclusivo de las psicosis: es el estado propio del hombre ligado a su condición de ser-hablante, consecuencia de su alienación en el significante.

Cuando situamos la psicosis como un concepto de la psiquiatría, estamos estableciendo las particularidades de las relaciones de un sujeto con una realidad objetiva traducida en términos tales como alteración del pensamiento, de la percepción, de la voluntad, de la afectividad, etcétera. Concepto engendrado en el siglo pasado siguiendo el modelo de las neurosis, en el momento en que el abordaje científico privilegiaba la descripción exhaustiva del objeto y la psiquiatría comenzaba a construir, en base a una perseverante observación, sus más importantes síndromes. El psicoanálisis tenía algo que decir y Freud abrió la polémica; en Neurosis y psicosis y en La pérdida de la realidad en la neurosis y la psicosis llega a la conclusión de que las alteraciones con la realidad no son determinantes para establecer una diferencia esencial entre la neurosis y la psicosis, ya que en ambas se desarrolla no sólo una pérdida de la realidad, sino también una sustitución de ésta.  Será entonces relevante como factor diferencial el proceso en el cual se inscriben la pérdida y la sustitución.
(...)
Recuerdan que les hablé de la pedagogía, la antropología y por supuesto, de la psiquiatría... por medio de estas tres disciplinas voy a ejemplificar los modos usuales que adopta la resistencia del analista esquematizándolos en tres posiciones:

- La posición del pedagogo transforma el acto analítico en una experiencia correctiva que se desarrolla en una dinámica de enseñanza y aprendizaje.

- La posición del antropólogo justificando su proceder en la abstinencia se dedica a la observación, al registro y a la constatación. Puede llegar a reducir lo sintomático al rango de diferencia cultural, y en el caso de no poder sustraerse a la fascinación, puede caer en el elogio de la locura.

- La posición del psiquiatra se caracteriza por instituirse en guardián de la "normalidad", normalidad de la conciencia hacia la que tiende por medio de la desestimación a veces coercitiva del inconsciente.
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Carlos DellaCasa