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martes, 1 de mayo de 2012

La voz y su impacto al cuerpo.


El psicótico está excedido de miradas y de voces. Si el Nombre del Padre opera la voz queda, como resto perdido, velada. De lo contrario el sujeto estará todo el tiempo expuesto al goce del Otro, sin puntuación. Al no haber ingresado el significante del Nombre del Padre, las voces retornan desde lo real. Tienen una función restitutiva. Es lo que Lacan llama en el Seminario 10, "los desechos de la voz, sus hojas muertas, que se dejan oir en las voces extraviadas de la psicosis".
 
La voz puede, en algunos casos extremos, ulcerar un cuerpo. Recuerdo el caso de una niña muy chiquita, tres años, que presentaba úlcera con sangrado, algo poco común en niños tan pequeños y que, en el trabajo con los pediatras del hospital donde se atendía, se detectó que éstos evitaban hacerse cargo de este caso porque no soportaban a la madre, en un rasgo específico ,la voz y su manera de hablar , sin interrupción. La niña estaba ante una voz materna imparable, sin escansión, aguda y excitada, a la cual no podía interrogar. Esta demanda unívoca, sígnica, interfería la función biológica. No instaurándose la dimensión sujeto sólo respondía el organismo.
 
Cuando apuntamos nuestra escucha a la enunciación, más allá del enunciado escuchamos también la voz, su timbre, su modulación, su intensidad, a veces enlazada al dicho, otras, en franca oposición al mismo.
 
Patricia Leyack