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viernes, 17 de agosto de 2012

La paradoja del Otro...



En distintos tiempos de su enseñanza Lacan afirma por un lado que no hay Otro y por otro nos dice que el sujeto se constituye en relación al Otro. ¿Cómo entender esta aparente contradicción?. ¿Hay o no hay Otro?.
Digamos que una de las primeras definiciones es la de que el Otro es un lugar, un lugar en la estructura. Ahora bien, ese lugar puede estar vacío; puede también referirse a la Batería de los significantes, puede a su vez estar encarnado por Otro o también por algún ideal, es decir ese Otro, ese lugar del Otro, entonces puede quedar vacío como por otro lado tomar distintos contenidos.

Señalemos también que para la constitución del sujeto es necesario que ese lugar sea ocupado en principio por lo que llamaré 2 funciones, una función deseo de la madre y otra función que viene a sustituir a esta primera que conocemos como función Nombre del Padre, es decir lo que se la llama metáfora paterna.
La primera función es cumplida por el Otro llamado primordial, que se nombra madre y que es decisiva en la constitución del narcisismo, interviene no sólo con su deseo sino también con su Goce, necesario para la constitución del cuerpo del niño. Esta función es asumida, encarnada, por una mujer que hace de su hijo, objeto a, causa de su deseo. Resolución freudiana de la femineidad vía la maternidad.

Por otra parte la función Nombre del Padre, que si bien regula desde el inicio al deseo de la madre, va a recaer sobre un sujeto señalado por ésta y que va a ser nombrado entonces padre, ocupando en un segundo tiempo el lugar del Otro.

De distintas maneras Lacan nos va a decir que toda la necesidad del ser humano es de que haya, de que exista el Otro. Pero, también nos insiste que el Otro no existe.

Fuimos alertados sobre el complejo de castración, aprendimos a distinguir que no sólo se trata de la castración del sujeto, sino que pusimos el énfasis en la castración del Otro. La clínica nos demuestra la dificultad del sujeto en separarse del Otro, más allá del rostro que tenga. Las ligazones, las adherencias a ese Otro adoptan las formas más complejas y en su complejidad cada una define un cuadro particular.
Con Lacan podemos redefinir la operación de castración como lazo al padre, inclusive sostener que el amor al padre basta para mantener la represión en su justo medio.

Benjamín Domb