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viernes, 7 de junio de 2013

El pago en psicoanálisis...


El analista suspende su goce para no ceder en su deseo, no se resuelve al modo de un yo autónomo. No es un acto de voluntad. Freud lo advirtió muy bien, por eso era Freud, y planteó un dispositivo muy poderoso. Una de cuyas coordenadas es que el paciente pague. ¿qué quiere decir que pague? Yo diría: que pague con dinero. El dinero, según nos enseña la economía política, es lo que se llama un equivalente general; se puede cambiar por distintas especies de goce: puedo comprar comida, puedo comprar un cuadro, hasta puedo comprar un goce sexual, puedo intercambiarlo por otros goces que quedan como “x” para el analizante. Pero en la medida en que el analizante paga con esa cuota de goce, queda claro que el analista no puede reclamarle con otro goce y que el sujeto está eximido de ofrecerse como objeto para el goce de su analista. Porque de eso es de lo que venimos sufriendo. Cuando alguien acude a una demanda de análisis es porque en algún lugar de su fantasma está ofrecido como objeto, al goce de algún otro que forma parte de su fantasma. De eso sufre. Entonces, el acto de pago sirve para anonadar la demanda de goce, y cualquier analista con experiencia sabe los desastres que se producen cuando el analista no es muy cuidadoso con esta cuestión del pago. Estoy de acuerdo con que el analista puede, en ciertas circunstancias, disminuir sus honorarios, tener un abanico de honorarios según quien puede pagar más o menos, pero cuando eso no lo hace cuidadosamente ni siguiendo el discurso del analizante, sino el de su propia neurosis en cuestiones no elaboradas como podrían ser sentimientos de culpa no resueltos, se produce un desastre.

Isidoro Vegh